Escúchame con los ojos
- Patricia Sirebrenik

- 11 nov 2025
- 1 Min. de lectura

Un llamado a ser escuchado con atención a través de la mirada, ha sido eclipsado por pantallas inteligentes que nadie atina a cuestionar ni a vencer.
Desde antes de la era digital, los niños han tomado con sus manitos la cara de sus padres o madres para que los escuchen. “Papá, papá, papá… en el jardín la tía…” Ese gesto ancestral se convirtió en código: “Escúchame con los ojos”. Mucho antes de que existieran las redes sociales, circulaba este diálogo:
—Papá.—Dime.—Papá.—¿Qué?—Escúchame.—Te estoy escuchando, hijo.—¡Pero escúchame con los ojos!
Los papás y mamás primerizos lo comprendían de inmediato. Dejaban lo que estaban haciendo, se inclinaban, escuchaban con atención. Entendían que si no lo hacían, perderían la conexión con su hijo(a).

Hoy, con la llegada de los celulares inteligentes, la escena se ha contagiado a toda la familia. Todos están, no distraídos ni pendientes de otra cosa: están hipnotizados, casi en trance, frente a una pantalla que superó el poder de la televisión, el libro o incluso el teléfono fijo.
Nadie toma con sus manos la cara del papá, la mamá o del hermano(a) para que lo escuche con los ojos… porque nadie se da cuenta que no está escuchando y tampoco siente la necesidad de ser escuchado simplemente porque está conversando y siendo "escuchado" por otros.
Esta era digital nos está volviendo a todos sordos con el peligro inminente de que los lazos familiares se debiliten y empiecen a desaparecer sin que nadie se dé cuenta o atine a recomponerlos. Aún es tiempo.




