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Opinión: Televisión chilena y estallido social, no son 7 días, son 30 años

  • Foto del escritor: Patricia Sirebrenik
    Patricia Sirebrenik
  • 29 dic 2019
  • 7 Min. de lectura

  • Mucho se ha hablado de la desconexión de los políticos, el Gobierno y especialmente del Congreso con la gente y la realidad social. Por mucho tiempo la clase política hizo caso omiso de la crítica a la enorme brecha y desigualdad en Chile. Se le reprocha por vivir en una burbuja de privilegios e intereses partidistas que la mantuvo en un “universo paralelo” al chileno. Pero la clase política no es la única que vivió durante décadas en ese universo.

Pasados más de dos meses del “estallido social” en Chile marcado por el viernes 18 de octubre, donde se vivió una jornada de violencia que culminó con la declaración de Estado de Emergencia y toque de queda por parte del gobierno (por primera vez en plena democracia) y cuando ya ha bajado un poco el nivel de tensión en las calles, considero momento adecuado para analizar con detenimiento al “cómplice silencioso” de la clase política: La televisión abierta.


Después del 18 de octubre y paralelamente a los hechos de violencia de turbas y encapuchados saqueando e incendiando y que siguieron registrándose a pesar del Estado de Emergencia, comenzaron a aumentar las marchas pacíficas en demanda de equidad, dignidad y mejor calidad de vida.


Ahí fue donde se comenzó a escuchar la frase “No son 30 pesos, son 30 años”, aludiendo al detonante del estallido, el alza del precio del boleto del metro. Pero la crítica era a la gestión política y económica de todos los gobiernos, desde el inicio de la democracia en 1990. Hace 30 años.


A los canales de televisión les costó ajustarse a esta nueva contingencia. Las manifestaciones eran cubiertas en planos abiertos, generales y en altura para informar de cantidad y dimensión, pero no de contenido. Se realizaban pocas o nada de entrevistas ciudadanas para escuchar las demandas y registraban más que nada, a juicio de la gente, las escenas de violencia que ocurrían en paralelo.


Y en el estudio…los políticos y analistas de siempre, en una conversación donde una vez más excluían la voz ciudadana y a panelistas que la representaran.

La gente empezó a manifestarse en Redes Sociales y frente a los reporteros en terreno. “La televisión miente”, gritaban.



Esa forma de enfrentar la cobertura cambió lentamente hasta la realización de la marcha del 25 de octubre donde se reunieron más de un millón de personas en la Plaza Italia (o de la Dignidad como la bautizaron los manifestantes) así como en otras ciudades del país. Los periodistas de televisión comenzaron a entrevistar a los manifestantes y en los estudios de los respectivos canales a partir de ese día se iniciaron programas de conversación donde los invitados eran líderes de organizaciones civiles, alcaldes y ciudadanos en general.


Recién ahí, la televisión volvió a nuestro universo. Al igual que el sector político.

Habían pasado 7 días desde el 18 de octubre. Pero no fueron en realidad 7 días, fueron 30 años.

Una partida de caballo inglés

Simultáneamente al inicio del primer gobierno democrático presidido por Patricio Aylwin, terminó la intervención de la dictadura a la televisión chilena. Los militares dejaron de controlar la programación de los cuatro canales de la televisión abierta de la época.



Esta intervención se lograba a través de los rectores designados por el General Augusto Pinochet de las universidades propietarias, respectivamente, de Canal 11 de la Universidad de Chile (antecesor de CHV), Canal 13 de la Universidad Católica de Chile, y Canal UCV de la Universidad Católica de Valparaíso. En tanto, Televisión Nacional de Chile contaba directamente con un directorio y director ejecutivo designado también por el General Pinochet.


A partir de 1990 las cuatro televisoras liberaron su programación y tuvieron la posibilidad de cubrir todas las noticias y ámbitos del quehacer nacional. Los noticiarios, matinales y cualquier otro programa de conversación pudieron abrir sus contenidos a la política, la diversidad, la libertad de opinión, la creatividad sin límites y a la inclusión del 100% del sentir ciudadano.


Entre 1990 y 1992 aparecieron dos canales abiertos privados, Megavisión (hoy Mega) y La RED. Todo iba sobre ruedas hasta que al poco tiempo de iniciada la democracia, comenzaron a desconectarse de la gente y de los reales problemas ciudadanos. Poco a poco dejaron de darle cabida a la voz de las personas comunes y corrientes.

Políticos, Farándula, casos policiales y notas de relleno

¿Le suena el nombre de Kenita Larraín? Kenita se transformó casi en el símbolo del ensordecedor contenido farandulero de la televisión chilena. Romances de modelos, futbolistas y animadores. Vida y obra de los panelistas de televisión. La proliferación de los programas de farándula y la invasión de estos temas en los matinales que penetraban en la población empezaron a hipnotizar la pantalla.


Los canales de televisión se volvieron autorreferentes.


Era sorprendente ver a los “noteros” de esos programas correr y perseguir personajes que poco y nada de relevancia tenían. Y más aún irrisorio el hecho que se entrevistaban entre ellos mismos, si un programa salía a la calle a pedir opiniones se iba a entrevistar a los panelistas de la competencia. En tanto, los periodistas y panelistas en el estudio recibían mensajes de Whatsapp que leían en voz alta, declaraciones y "copuchas" de sus contactos y fuentes faranduleras anunciándolos con bombos y platillos como “golpe” noticioso.


Los invitados faranduleros copaban estelares, matinales y cuanto programa había y junto a ellos, los políticos. Los mismos políticos que aparecían cada fin de semana en los programas de actualidad. Y el que dejaba de tener sintonía, ya no era convocado.



Una televisión que dedicaba gran parte de su parrilla programática a farándula, teleseries y noticiarios llenándose cada vez más de contenidos policiales, mientras que los más “serios” seguían entrevistando a los mismos políticos y parlamentarios de siempre (que dicho sea de paso mantienen sus escaños en el Congreso con reelección indefinida).


De este modo, todos se desconectaron de la ciudadanía, dejaron de escucharla y se encerraron en un círculo vicioso y tóxico.


Los programas de investigación periodística que tantas denuncias y revelaciones trascendentes nos entregaron y que se transmitían en horario prime con excelente sintonía, fueron desapareciendo de a poco dándole cabida a la farándula, teleseries chilenas y una invasión posterior de novelas turcas.


Ahora sólo queda uno, “Informe Especial”, pero es imposible ni siquiera imaginarlo en horario estelar. No, por lo menos, antes del estallido social.


Y cuando la farándula dejó de tener sintonía, encontraron los temas policiales, y si no era ese, otro.


Y a propósito de sintonía…



People meter online : el otro cómplice

Pero en esta historia hay un cómplice más. Aquél que incitó el viaje de la TV hacia un universo paralelo. La medición de sintonía minuto a minuto.


Hasta la década de los ’90 el rating se entregaba una vez terminado el programa. La encuesta se hacía por “cuadernillo” sin uso de tecnología. De esta forma los equipos de producción analizaban sus programas en términos comparativos no sólo frente a la competencia sino a sí mismos. Comparaban sintonías por día, o por bloque lo que ayudaba a pensar y reformular aquellas partes débiles.


En 1992 se implementó el people meter online que haría cambiar la forma de hacer televisión y de diseñar sus contenidos para siempre. La tecnología permitió instalar aparatos en un televisor por hogar en una muestra determinada en Santiago que entregó la medición de sintonía minuto a minuto. Ello derivó en que los canales empezaron a competir comparándose al aire y ante la desesperación de ir perdiendo comenzaron el perverso método de cambiar la programación y contenidos según la sintonía instantánea.


De allí a copiarse los contenidos y programación demoró un paso. Y hasta el día de hoy se alargan y cortan programas y espacios al aire, las series y teleseries se acortan o salen del aire a los pocos capítulos si acumulan muy baja sintonía. Se empezaron a eliminar contenidos que no eran tan populares. En síntesis: Se dejó de pensar.


Muchos comenzaron a criticar esta medición, uno de los primeros fue el director de Televisión de Canal 13 Gonzalo Beltrán, respetado por sus pares. Pero hasta él confesaba que mientras no se eliminara el sistema, no le quedaba otra que adaptarse a él, porque la competencia lo exigía.


A lo largo de estos 30 años, han surgido más críticas. Pero nadie las ha escuchado. Al igual que las quejas masivas de la ciudadanía que por años ha clamado por mayor igualdad.

Cada vez menos representativo

Obsoleta y prehistórica. La medición del rating de la televisión en Chile está fuera de órbita. El People Meter Online que no considera las multiplataformas del siglo XXI es prehistórico y está totalmente obsoleto.


Hoy en día es básico hacer un cruce de información con el consumo de la televisión online. Cada vez son más las personas que ven televisión a través de sus dispositivos inteligentes, y a la vez, son muy pocas las casas que tienen sólo un televisor donde sigue instalándose el medidor minuto a minuto.


Por otra parte, el cambio del universo y la muestra no es tan dinámico como en las encuestas de opinión. De hecho, ni siquiera se detalla cada vez que se informa de los resultados de un programa o canal.


Correspondería a la prensa informar cada vez que se difunde un resultado, si se ha cambiado la muestra para hacer las mediciones o se sigue repitiendo la misma. Porque de tratarse de esto último, de lo único que nos enteramos es que si la "señora Juanita" continúa viendo su programa favorito...y sola frente al televisor (Ver estudio GfK). Cada día, 1 punto de rating representa a menos personas. El People Meter Online le sigue haciendo un inmenso daño a la creatividad, modernización y profundidad de contenidos de los programas chilenos.

¿Posibilidades de cambio?


El mundo político evaluó que la forma de enfrentar la crisis social además de la reforma de leyes sociales es cambiando la constitución. El plebiscito para decidir si se cambia o no es en abril.


Pero en cuanto a las decisiones de los canales de televisión, cero indicio de cambio. Y lo más probable, tal como ha ocurrido desde el surgimiento de la medición minuto a minuto, seguirán compitiendo de igual forma, lo que da resultado en el minuto permanece indefinidamente hasta que el people meter no indique otra cosa.


A lo más, una nueva forma de entregar los resultados, ahora se hace por cantidad de personas y no por puntos de rating. Eso solamente.


¿Hay esperanza de comenzar una nueva era de creatividad, reflexión y de mejorar contenidos?


¿Existe la posibilidad de tener una televisión más pluralista, diversa, inclusiva, donde convivan las preferencias de minorías y mayorías y donde haya espacio para todos y todas?


Con este sistema de medición, resulta muy difícil de creer.

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