Lectores Secuestrados
- Patricia Sirebrenik

- 10 feb
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 17 feb

Los usuarios de telefonía móvil sabemos lo que es vivir secuestrados. Lo padecimos por décadas: cambiarse de compañía era perder el número, los clientes, contactos, redes… era desaparecer del mapa. Sin portabilidad numérica ni una guía gorda y amarilla de la CTC versión celulares, uno quedaba en un limbo telefónico.
Esa cárcel se cerró en 2011 con la ley de portabilidad numérica. Pero el secuestro volvió maquillado: ya no nos retienen con el número, sino con nuestro dinero y nuestra necesidad de leer. Un “cheque en blanco” disfrazado de suscripción. Urge lograr ahora la portabilidad informativa, es decir, recuperar la libertad de qué queremos leer y cuándo. Esto nos pasa cada vez que intentas leer una noticia y te topas con un muro.
¿Te ha pasado? ves un titular, o una noticia que te interesa, haces clic… y aparece un bloqueo "si quieres seguir leyendo suscríbete". Hoy, la mayoría de los medios informativos digitales en el mundo nos impiden ver o pagar la noticia o ejemplar en pantalla para poder leerlo completo y obligan a suscribirse por meses sin que sepamos si mañana habrá algo que valga la pena leer, ¿Les parece lógico?
Es como llegar al Kiosco con 500 pesos para comprar un diario y que el vendedor, muy serio, te diga:
—Se lo doy, pero tiene que pagar un trimestre por adelantado.
—Pero solo quiero ESE diario.
—Tengo una oferta: lléveselo por 100 pesos, pero déjeme su tarjeta de crédito, su RUT, su dirección y firme aquí.
Ese absurdo cotidiano fue la alarma que me obligó a mirar el panorama completo: el derecho del lector, el derecho del autor, la crisis laboral del periodismo y la desaparición silenciosa de medios. No tengo todas las soluciones, pero sí dos claves para empezar a destrabar este secuestro del usuario.
Durante décadas hemos visto cómo los medios impresos se achican o desaparecen. La semana pasada, The Washington Post anunció despidos masivos. No es una excepción: es el síntoma de un ecosistema que perdió sus reglas y sus incentivos.
El secuestro digital del lector
La crisis de los medios no es solo económica: es estructural. Internet no cambió el papel por la pantalla; cambió todo el ecosistema. Hoy un medio compite con redes sociales, newsletters, streaming, videos, influencers y con las miles de noticias e imágenes in situ informadas por millones de personas desde su celular.
La televisión ahora es radio y prensa escrita. La radio es televisión y prensa escrita.Y todos tienen redes, páginas web, breaking news y resúmenes que te llegan directo al correo y a tu Whatsapp. Y eso está bien. No se puede hacer de otra forma.
Lo que escribo no es nostalgia. Tampoco hablo de retrocesos.
Es recuperar los incentivos que hacen que el periodismo exista. El futuro no está en repetir declaraciones de puntos de prensa ni en reciclar declaraciones que además los propios entrevistados postean en sus redes sociales. Está en la investigación, en el análisis, en columnistas que trabajan con datos que nadie conocía y que nadie ha podido desmentir.
La denuncia profunda sigue siendo el único motor capaz de provocar verdaderos terremotos como renuncias, juicios, cárcel y reformas. Muchas veces llena vacíos que ni la fiscalía ni el Congreso alcanzan a cubrir.
Así como liberamos el número telefónico, hoy necesitamos liberar al lector y recuperar la verdadera competencia entre medios. Volver a vender por Portada. Que cada persona pueda elegir qué leer, dónde y cuándo, sin contratos que la amarren ni suscripciones que la secuestren.
La suscripción debe ser una opción —por unidad o por paquete—, no una obligación disfrazada de modelo de negocios.
Copy‑Paste: incentivo perverso para no hacer la pega…y para no contratar
El anonimato del autor y la copia gratuita están matando el periodismo. Y lo hemos experimentado desde hace apenas unos años con el peak del copy‑paste, cuando leer noticias era casi un ejercicio de rastreo. Imaginaba un país con una sala de prensa donde diez periodistas reportean y el resto copia y pega. Una caricatura… pero ¿no han tenido esa sensación?
Hace no mucho, leer noticias era como jugar con una babushka, la muñeca rusa: abrías una nota y aparecía “según dijo Cooperativa”; ibas a Cooperativa para ver el original y decía “según publicó El Mostrador”; llegabas al Mostrador y así hasta que ya no quedaba muñeca, ni autor, ni origen. Solo capas de repetición.
Hoy los medios nos hacen “trabajar” menos en ese clickeo, sí, pero la lógica de fondo —la reproducción sin autoría visible— sigue erosionando el valor del periodismo.
Corresponsales que llegan donde otros no pueden —por distancia, presupuesto o simple voluntad— terminan reproducidos como verdad absoluta, sin matices, sin contraste, sin contexto. Una especie de “verdad por repetición”.
En la era análoga, el Kiosco era un control de calidad: si la portada no valía, no vendías. Si valía, ganabas prestigio y dinero. La competencia obligaba a investigar, a buscar la exclusiva, a ofrecer algo que nadie más tenía.
El caso que inspiró la película Spotlight lo demuestra con hechos, no con nostalgia: cuando el Boston Globe publicó en 2002 la investigación sobre los abusos encubiertos por la Iglesia, las ventas del diario subieron, hubo largas filas en los Kioscos y se imprimieron más ejemplares de lo acostumbrado.
Más lectores significó más investigación, exclusividad y publicidad.
Y no menos importante: El reconocimiento no fue solo para el medio, sino para los periodistas que hicieron el trabajo. Ese es el valor que hoy se está diluyendo entre copias, resúmenes ajenos y autorías invisibles. No se trata de querer ser famoso (no principalmente). Tu nombre es tu único activo para escalar posiciones, ser demandado y aspirar a mejores sueldos. Eso le pasa a todos los profesionales que crean productos intangibles y sin vitrina.
El anonimato del autor y la reproducción gratuita están erosionando el corazón del periodismo: la investigación, la calidad y la competencia que obliga a hacer la pega. Y con ello, los medios se conforman muchas veces con profesionales menos preparados porque solo necesitan copiar y pegar el texto...o la idea. Cuando nadie ve al periodista, todos creen que pueden copiarlo y sustituir la experiecia, el terreno y la búsqueda de fuentes confiables que aporten pruebas, no solo rumores
El anonimato mata la autoría porque la disuelve entre muchos. El copy‑paste mata la competencia. Y juntos están matando el periodismo que trabaja con rigor y a los medios que lo sostienen.
Hoy basta que un medio investigue para que el resto copie. Aunque el medio cobre, radios y portales reproducen casi todo. La torta publicitaria se pulveriza y el valor del trabajo se evapora.
Eso tiene que cambiar.
La suscripción mensual no es “comprar en verde”: es comprar una promesa sin garantías. Es pagar hoy por un contenido que todavía no existe, una portada en blanco. Es el secuestro versión premium.
Todos informan, pero no todos investigan.
La democratización informativa es valiosa: hoy cualquiera puede reportear un hecho que un medio no vio venir. La proliferación de escuelas, la posibilidad de ejercer sin título y la presión económica han achicado equipos, eliminado ventas impresas y debilitado la investigación hasta dejarla en huesos.
Y cuando no hay periodismo profundo, pasa lo que ya sabemos: proliferan las fake news, se diluye la autoría y el trabajo serio queda sepultado bajo una avalancha de copias, rumores y titulares reciclados.
Mi idea nació de haber transitado de la era análoga a la digital. De saber lo que era elegir un diario por su portada y pagar solo por eso. Como lectora reaccionaba sin pensarlo; como periodista entendí que un Kiosco es un filtro, un curador, un árbitro silencioso que premiaba la calidad y castigaba el relleno o, peor aún, la noticia de ayer.
El concepto se perdió en el camino. En la era de plataformas digitales y redes sociales, las portadas no pueden seguir siendo un resumen de lo que pasó ayer. No pueden competir con el pasado. Tienen que competir por atención, por relevancia y por valor presente.
Lo que propongo, en otras palabras, es el eslabón que falta en un ecosistema que perdió su estructura y su sentido: un Kiosco virtual donde puedas comprar solo lo que quieres leer. PDFs protegidos con DRM —como los ebooks que no se pueden copiar ni reenviar— y una aplicación que impida el copy‑paste. Un espacio donde la autoría no se diluya entre manos ajenas y donde cada pieza tenga valor propio. Todo regulado por la institucionalidad pública idónea, tal como hoy se regulan los kioscos presenciales.
Un Uber de los medios: un sistema que conecta oferta y demanda, devuelve competencia, exclusividad y trazabilidad. Un modelo donde cada pieza tenga dueño, valor y destino. Y donde los medios puedan construir una alianza estratégica 2.0 entre lo impreso y lo digital.
Y por otro lado la limitación de caracteres de los medios que reproducen noticias exclusivas e investigaciones de la competencia obligando además a publicar a los autores y el medio.
La portabilidad informativa para no ser secuestrados por suscripciones, el Kiosco 2.0, los PDFs protegidos con DRM, la limitación de caracteres para que los medios puedan reprotucir artículos de otros medios, la protección del derecho de autor...son ideas para un nuevo enfoque o modelo con trazabilidad de autoría y competencia real entre medios.
Algunas de estas piezas ya existen por separado y provienen de diversos ámbitos de la era digital. Pero lo que falta es ordenarlas en un modelo que devuelva estructura y competencia al ecosistema informativo. Eso es lo que hago aquí: sistematizar un ecosistema que perdió su arquitectura.
El Kiosco 2.0 no es nostalgia: es supervivencia
Es el derecho a no ser copiado ni relegado al anonimato.
Es el derecho a contratar a los mejores periodistas.
Es el derecho a que las portadas vuelvan a ser una vitrina de lo que importa hoy, no de lo que ya vimos ayer.
Es el regreso de la verdadera medición estratégica: ventas por portada.
Es el derecho a no comprar una página en blanco.
Es, sobre todo, la recuperación de un derecho esencial del lector: elegir cada día qué quiere leer, en qué medios y a qué autores. Volver a pagar por contenidos que realmente valen, reconocer el esfuerzo detrás de cada investigación y valorar a los periodistas, es sembrar las bases de un ecosistema sostenible.
Es apostar por un modelo donde los medios puedan sostenerse sin sacrificar calidad ni autoría.
El futuro está en la investigación seria, en denuncias fundamentadas, en reportajes capaces hasta de derribar autoridades. Eso genera más equipos, más profesionales, más periodismo. El Kiosco 2.0 da trabajo, reconocimiento y éxito, cerrando un círculo virtuoso donde todos se fortalecen mutuamente.
¿Seré yo la única lectora secuestrada… o simplemente la única que se niega a ser rehén de una suscripción?



