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¿Estrategia pendular deliberada?: Boric tensiona para que Kaiser crezca.

  • Foto del escritor: Patricia Sirebrenik
    Patricia Sirebrenik
  • 29 oct 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 29 oct 2025


¿Demasiado audaz mi hipótesis? ¿Nadar contra la corriente de los expertos, es delirio o lectura estratégica? Aquí expongo mis argumentos. Esta columna no busca despertar trincheras, sino tensionar hipótesis. No es una certeza, es una lectura. Y como toda lectura, está abierta al contrapunto. Ustedes juzguen.

No es casual. No es visceral. Es cálculo.


Gabriel Boric no improvisa. Su intervención en el escenario electoral no busca fortalecer a su sector, sino tensionar el eje opositor.


¿Para qué? Para que Johannes Kaiser crezca. Y con ello, tensionar el péndulo electoral que Chile ha seguido desde Bachelet I: una alternancia en el poder que opera como dinámica casi emocional, entre la decepción por el sector político que se va y la proyección de una nueva oportunidad en quienes regresan al poder.


El objetivo es asegurar que ese rebote lo escoja a él, sin margen de duda.


Boric no apuesta por el presente. Apuesta por el retorno. Mientras más extremo el giro en La Moneda, más fuerte el rebote. Si Kaiser gana, el péndulo se estrella. Y Boric se rearma como líder opositor legítimo, sin competencia interna.


Pamela Jiles, diputada que trabajó y convivió con Gabriel Boric durante su etapa parlamentaria, lo conoció de cerca. En el programa "Todo va a estar bien", conducido por Juan José Lavín, afirmó que Boric mide cada paso, cada movimiento. "No da puntada sin hilo". Aunque interpreta sus objetivos de manera distinta, coincide en un punto clave: no hay improvisación. Esa coincidencia refuerza la tesis de que sus intervenciones no responden a impulsos emocionales, sino a una estrategia deliberada.


Este método de provocación estratégica lo está aplicando ahora con sus planes para su reelección en cuatro años más. En sus intervenciones no le habla a Kast. Les habla a sus votantes. Los incomoda. Los hace dudar. Los expone a una pregunta incómoda: ¿es Kast realmente el líder que esperaban?


Desde su micrófono presidencial, Boric no debate: provoca. Quiere que Kast cometa errores.


“¿Dónde está el Kast que hablaba o respondía con firmeza?”, se preguntan algunos. Kast habló y Matthei también. ¿Será suficiente?


Muchos columnistas afirman que las menciones de Boric favorecen a Kast, aunque de paso perjudiquen a la candidata oficialista.


Yo no estoy tan segura de que le sumen. Más bien, creo que le restan.

 

Escucha activa: método informal, patrón emergente

No me apoyo en una encuesta con metodología garantizada. Es escucha de terreno.

Votantes que antes tenían claro su voto, hoy dudan. Algunos ahora se inclinan hacia Kaiser. Otros se repliegan.


No es una muestra estadística, pero sí un patrón que se repite. Y que Boric parece conocer, o al menos intuir.


A fin de cuentas, no arriesga nada. Incluso el Partido Comunista da por perdida la elección.

La estrategia no solo debilita a Kast. También erosiona a Evelyn Matthei. Ella intentó restarle votos a Kast desde la derecha, con duras críticas hacia él y su programa.


Pero su alianza con la centroizquierda la desdibuja.


¿Y si sus votantes ven en el Boric de hoy, al mismo opositor al presidente Piñera, al líder de primera vuelta, más que al presidente moderado?


¿Y si eso los empuja a buscar una derecha más pura, más disruptiva?


Kaiser aparece como el catalizador ideal del rebote pendular. No es espejo de Boric, al menos no en cómo se proyecta ante el electorado. No se moderará. No negociará.


Su eventual gobierno estaría condicionado por expectativas de cumplimiento más exigentes, derivadas de propuestas más disruptivas o radicales que las de José Antonio Kast.


Ese nivel de exigencia eleva la tensión entre el éxito y el fracaso, estrechando su margen de maniobra para gobernar con estabilidad.


Esto se vuelve aún más crítico si se cumple la tesis compartida por sus propios electores —y también por los de Kast—: el posible regreso de la violencia octubrista o, al menos, un bloqueo sistemático a su gobernanza.


En ese escenario, Boric reaparece como alternativa sólida. Como el único capaz de reordenar y volver a la “moderación”, ahora con la experiencia adquirida.

O al menos así se ve él. Y no es el único.


De hecho, hasta el rector Carlos Peña lo visualiza como el futuro líder que llenará el vacío de la centroizquierda: “abrigo la esperanza de que Boric se rija en el futuro, en el gran líder, digamos, de un gran proyecto socialdemócrata en Chile” (octubre de 2025).


A mi juicio, hay razones para poner en duda esa afirmación. Boric declaró en CNN, Estados Unidos, apenas semanas después de ganar el Rechazo: “no se puede ir más rápido que el pueblo”. Y eso implica una estrategia: aminorar la velocidad. Llegar a la misma meta, pero lento. "Pasito a pasito", como decía Fonsi.


¿Delirio o categoría emergente?

Esta hipótesis no circula aún como categoría analítica. Pero tensiona el tablero. No afirma que Boric controle el resultado. Afirma que lo tensiona. Que juega con el péndulo. Que siembra dudas donde otros ven certezas.

Si Kaiser gana, Boric no pierde. Reordena.



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