top of page

El día en que las vocales se pelearon

  • Foto del escritor: Patricia Sirebrenik
    Patricia Sirebrenik
  • 28 oct 2020
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 1 nov 2020





Esta es una historia que llegó a mis oídos recientemente y debo contárselas porque es del todo extraña, emocionante e inusual. Sucedió hace un tiempo en el país de las vocales.

El país de las vocales limita con el país de las consonantes y desde tiempos remotos mantienen un acuerdo en el cual ambas naciones producen y exportan palabras a todos los países del mundo. De esta forma y a lo largo de miles de años han tenido un fructífero negocio de exportación de palabras alrededor del planeta.


Pero ocurrió un día en que no todo fue armonía en el país de las vocales.


Una mañana cálida y brillante como todas las mañanas de todo el año y de todos los años, vocales y consonantes disfrutaban en el parque formando palabras mientras conversaban. De repente, apareció la a furiosa y se paró frente a la palabra médico espetando a la o.

-Tú siempre ocupas ese lugar preferencial y ya es hora que me lo cedas.


Su amiga o quedó sorprendida, nunca la había visto enojada y menos por algo tan simple como ocupar un lugar que es igual de cómodo, calientito, con brisa y sol que todos los otros lugares que ocupan las vocales en cualquier palabra.


- Tú siempre ocupas este asiento y eso no es inclusivo- insistió la a.


Las consonantes se sintieron muy incómodas con la tensión del momento, tampoco entendían por qué tanta alharaca si todos los lugares son cómodos y ellas felices de estar al lado de cualquiera de sus cinco amigas vocales.


-¿Inclusivo?- preguntó la o sin entender lo que estaba pasando- ¿De qué hablas querida a?, yo siempre te he incluido en mis juegos y en mi corazón.


En el intertanto todas las palabras se acercaron a ver qué pasaba pues se sentían los gritos de una pelea que nunca antes se había registrado en la historia del país de las vocales.


- La a y la o se están peleando por ocupar el mismo lugar en la palabra médico – le susurró la siempre copuchenta Ch a la multitud que se agolpaba para ver qué estaba sucediendo.


Las 5 vocales eran más que amigas. Eran casi hermanas por lo que la e, la i y la u estaban muy incómodas y nerviosas pensando cómo arreglar el problema.


-Yo me ofrezco para ir a mediar - dijo la e- yo encantada ocuparé el lugar de la o para que ninguna de las dos se pelee más.

-¡Qué gran idea! ¡Mucha suerte!- le desearon las otras vocales.


Pero resultó peor porque las consonantes se enojaron ya que con la e - argumentaban ellas- la palabra sonaba muy rara y perdía su esencia milenaria.

Cuando el resto de las vocales a y o del parque se enteraron de la pelea, empezaron a ver la ubicación que tenían en el resto de las palabras. Ahí sí que se armó la grande. Una pelea a gritos entre todas las o y todas las a del lugar.


Era tal la trifulca que empezaron a llegar palabras de todas partes de la ciudad para ver por qué estaban peleando las vocales.


Desesperadas la u y la i miraban atónitas, no sabían a quién darle la razón y tampoco entendían por qué se peleaban de repente por ocupar un lugar después de siglos de ser ocupado por la o. Prefirieron permanecer neutrales y llamaron a sus mamás, mientras la o y la a peleaban y las consonantes seguían reclamándole a la e que no se metiera porque estaba empeorando las cosas. En tanto, el resto de las vocales y consonantes también había llamado a sus respectivas madres.


Obviamente mamá A y mamá O mayúsculas apoyaron a sus respectivas hijas y empezaron a discutir entre ellas.


–Éste es un problema ficticio inventado por mamá A por envidiosa y altanera– exclamó mamá O

-No me culpes a mí de una injusticia que se ha llevado a cabo por siglos, a vista y paciencia de todos y todas - le respondió a gritos la aludida- y tengo como testigos a los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país.


En otra esquina, la e lloraba y la pelea empeoró aún más cuando llegó mamá E que enfrentó a las mamás M, D y C en defensa de su hija.


El conflicto empezó a escalar a tal nivel que el gobierno del país de las vocales decidió intervenir para evitar una guerra civil. No podía correr sangre y tampoco podía peligrar la empresa exportadora de palabras, único sustento de las dos naciones.


Ambos países llamaron a una cumbre bilateral para llegar a alguna solución que pudiera devolverle la paz a la región.


La primera alternativa que sugirió el gobierno vocal fue que la consonante x ocupara para siempre la ubicación en conflicto para que la a y la o dejaran de pelear.

Pero mamá X muy nacionalista y orgullosa de su identidad y de su pueblo se negó rotundamente.


-Ese es un lugar para una vocal, no para nosotras las consonantes- sentenció enojada.


Entonces habló el rey de las consonantes:

-Propongo llamar al país digital para que nos envíe como embajador al signo @ de modo que reemplace definitivamente a la o, la a y a cualquier otra vocal que quiera meterse en la pelea.

-¡Por ningún motivo!- exclamó la reina de las vocales- me opongo terminantemente. Ninguna recién aparecida que ni siquiera pertenece a nuestro honorable abecedario va a ocupar el merecido y ancestral lugar de una vocal.

Cuando ambos pueblos ya empezaban a perder las esperanzas temiendo no poder evitar una guerra, pidió la palabra la consonante más pacífica, dócil y silenciosa del abecedario. La H.


- Yo me ofrezco para ocupar el último lugar de todas las palabras que terminen en o – dijo amablemente- de este modo no sonarán extrañas como se quejan mis hermanas cuando se ubica la e.


Los vítores y aplausos surgieron de inmediato. El rey de las consonantes y la reina de las vocales corrieron a abrazarla y agradecerle su tan desinteresada oferta.


Y así fue que durante el resto del fin de semana las consonantes y vocales hicieron un gran carnaval para celebrar la paz y la inclusión.


Y colorín colorado, este cuento...aún no se ha acabado´h


Publicar: Blog2_Post
  • LinkedIn
  • YouTube
  • Instagram

©2019 por El blog de Patricia Sirebrenik. Creada con Wix.com

bottom of page