Un cuento corto de ciencia ficción
- Patricia Sirebrenik

- 21 mar 2019
- 1 Min. de lectura

Eran las seis y media de la tarde y Daniel deambulaba por la calle confundido, asustado. No estaba seguro si las cámaras de vigilancia de la ciudad habían captado lo que acababa de suceder. “¿Y si los vigilantes municipales se habían dado cuenta?”, si esa grabación llegaba a manos de la Policía de Género, estaba perdido. Por muy bueno que fuera su abogado, nada podría defenderlo de una prueba tan contundente como esa imagen que se mostraría en el juzgado.
Pero luego se tranquilizaba, “fueron sólo unos segundos. Unos segundos en que la miré a los ojos y le sonreí…pero estoy seguro que no le dije nada. Sólo lo pensé” su corazón latía fuerte, un poco por el miedo a ser descubierto pero también porque su belleza lo había impactado tanto que aún le daba vueltas en la cabeza: “Qué guapa es”.
Daniel trataba de recordar, hacía grandes esfuerzos por convencerse de que sólo lo había pensado y que sus labios no se movieron, que nunca se lo dijo en voz alta. Lo importante es que ella no se detuvo ni apretó el botón de pánico de su móvil para denunciarlo. “Gracias a Dios. Además de guapa, es un ángel”, sonrió agradecido de una mujer que seguramente nunca más volvería a ver en una ciudad con 15 millones de personas.
FIN



